VicSan y Brígida llenaron de magia la Sala Maravillas
De nuevo en la Sala Maravillas para una nueva noche de música en directo. Esta vez, con un doble cartel más que interesante: dos estilos claramente diferenciados y dos formatos totalmente opuestos, pero cuyas actuaciones terminaron encajando a la perfección.

Por un lado estaba Brígida, encargada de abrir la noche en un formato íntimo de piano y voz. Cerraría después VicSan, presentando su nuevo disco, Las Curvas del Aire y del Ruido, y aportando el contrapunto escénico con seis músicos sobre el escenario.

Brígida, curtida ya en muchos conciertos acústicos dentro de la escena madrileña, tanto en pequeñas salas como en los ya clásicos micros abiertos, nos ofreció un concierto solo a piano y voz en una sala pensada para actuaciones de banda. Pero supo jugar su partido: convirtió la sala en su espacio y se llevó al público a su terreno.
Con una voz que transmite magia y un piano que acaricia cada canción, no solo conquistó al público, lo embrujó. Lo hipnotizó. En una noche de viernes en la que el cuerpo pedía fiesta, la sala se sentó y se dejó llevar por sus canciones, por su voz y por ese piano. El silencio se hizo cómplice de cada interpretación, roto únicamente por los aplausos entre tema y tema.
Brígida, además, se siente cómoda en las distancias cortas. Actúa con naturalidad y hace partícipe al público con sus conversaciones entre canciones. Porque cuando mueve las manos sobre el piano y lanza su voz, quienes la estamos viendo intentamos no parpadear para no perdernos nada. Solo queda poner los cinco sentidos en lo que está sucediendo delante de nosotros.
Brígida es un caudal de sensaciones, una propuesta muy personal que se mueve entre el pop, el espíritu de cantautora que transforma experiencias en canciones y ciertos matices de soul y jazz que la hacen especialmente interesante. Su nuevo trabajo está en camino, y lo esperamos con mucha emoción.

Después del concierto de Brígida llegaba el contrapunto de la noche. VicSan aparecía con una propuesta totalmente opuesta, y precisamente ahí residía parte de la magia de este cartel: distintas formas de expresión musical que, sobre el papel, parecían alejadas, pero que convivieron con absoluta naturalidad.

Presentaban su nuevo disco con seis músicos en escena y, después de escuchar esa maravilla de álbum, tocaba comprobar cómo se trasladaba al directo. El resultado fue prodigioso.
VicSan y su banda lo tenían claro: si su disco es un ejercicio de elegancia, buenas canciones, arreglos y melodías, el directo debía ser otra cosa. Y lo consiguieron. A las canciones de Las Curvas del Aire y del Ruido les dieron una marcha más: más contundencia, más densidad sonora, más pulsión rockera.
El show tenía a VicSan al frente, pero con una banda en estado de gracia, perfectamente compenetrada, donde cada músico encontraba su momento y su protagonismo. El repertorio fue disparado con fuerza, y el público, que llenó la sala, se dejó arrastrar por la propuesta y participó de la fiesta y de las canciones.
El sonido estuvo perfectamente ejecutado: potencia sin perder la melodía pop de las composiciones. Guitarras, una línea de bajo consistente y el apoyo de un teclado que aportaba una atmósfera densa, envolvente, llenándolo todo pero dejando el aire necesario para que cada instrumento respirara.
Las guitarras y la voz ocupaban el primer plano; a veces acústica y eléctrica, otras dos eléctricas que aportaban la energía necesaria para elevar las canciones del disco a otra dimensión. No mejor ni peor que el formato de estudio: simplemente otra categoría, la del directo.

Y una de las curiosidades de la noche era la presencia de una violinista. En un primer momento, uno podría pensar que quizá no encajaría en el show o que podría suavizar la crudeza del directo. Pero fue justo al contrario. Enriqueció el sonido con detalles y arreglos que no desvirtuaban a la banda, sino que sumaban una capa más a una propuesta muy personal y muy coherente con el universo de VicSan.
Fue una noche especial. De proyectos muy jóvenes, de músicas con estilos muy diferenciados y de una calidad asombrosa. Y de ahí surge una reflexión.
A menudo vemos a aficionados veteranos a la música quejarse de que lo que se hace ahora es muy malo, lamentándose en redes sociales y repitiendo que ya no salen bandas interesantes. Y sí, hoy también existe música con una pobreza artística enorme, muchas veces la que recibe más apoyo mediático y el éxito inmediato. Pero no te dejes llevar por eso.
Muévete, levántate del sofá, Investiga, no hagas caso al algoritmo, baja a las salas.
Porque ahí abajo, lejos de las listas prefabricadas y del ruido de las redes, siguen ocurriendo cosas. Hay propuestas honestas, arriesgadas y llenas de talento. Y, además, a precios muy asequibles.
Nosotros seguimos siendo inquietos. Y esa curiosidad, por suerte, nos sigue regalando noches como esta.

