Ángela Pardal rompe con su pasado en "A Risa que rompe ese silencio infinito"

Hay momentos en una trayectoria artística en los que evolucionar ya no es suficiente. Hace falta romper. Ángela Pardal se encuentra precisamente en ese punto. La artista gallega deja atrás buena parte de las coordenadas que habían marcado sus anteriores trabajos para emprender un camino mucho más personal, con una decisión que marca un antes y un después: cantar por primera vez en gallego.
El cambio, sin embargo, va mucho más allá del idioma. Con «A Risa que rompe ese silencio infinito», Pardal abre una nueva etapa en la que el folk, la experimentación y el pop conviven dentro de una propuesta mucho más libre. Los instrumentos acústicos adquieren un peso fundamental, mientras guitarras, acordeones y percusiones de raíz tradicional se encuentran con sintetizadores y ritmos que empujan las canciones hacia terrenos contemporáneos.
El resultado tiene un pie en la tradición y otro decididamente en el presente. Ángela Pardal no parece buscar una vuelta a sus raíces, sino descubrir qué puede hacer con ellas ahora.
Una nueva voz para una nueva etapa
«A Risa que rompe ese silencio infinito» funciona como la primera fotografía de esta nueva Ángela Pardal. La canción parte de una historia de pérdida, separación y reencuentro, pero se resiste a quedarse instalada en la melancolía.
Hay dolor, distancia y recuerdos, pero también movimiento. La composición crece progresivamente, acumulando tensión hasta desembocar en un tramo final de vocación casi épica que modifica la percepción de todo lo escuchado anteriormente. La canción comienza desde la intimidad y termina abriendo el plano, como si aquello que parecía encerrado en una experiencia personal terminara adquiriendo una dimensión mucho más amplia.
Y en ese recorrido también aparece una de las claves de esta nueva etapa: la voz de Pardal ya no funciona únicamente como vehículo de una canción, sino como un elemento más dentro de una construcción sonora en la que cada textura tiene algo que aportar.

Galicia como punto de encuentro
Aunque Barcelona forma parte de su recorrido y del lugar desde el que han tomado forma estas nuevas composiciones, Galicia permanece muy presente en el imaginario de Ángela Pardal.
No se trata únicamente de incorporar sonidos tradicionales. Hay también una sensibilidad vinculada a lo místico, lo onírico y lo psicodélico, una mirada hacia unas raíces que aparecen reinterpretadas desde el presente en lugar de reproducidas de manera literal.
Guitarras, metales, percusiones y coros aportan diferentes capas a un repertorio que busca conservar cierta calidez incluso cuando se adentra en terrenos menos previsibles. Existe una intención artesanal en la manera de construir las canciones, pero también una voluntad evidente de escapar de cualquier fórmula que pueda resultar demasiado cómoda.
Es precisamente en ese equilibrio donde Pardal parece haber encontrado el espacio para esta nueva etapa: tradición sin nostalgia, experimentación sin perder la canción y una identidad gallega que no necesita renunciar a su presente para reivindicar sus raíces.
El comienzo de un nuevo camino
Todo este cambio tendrá su reflejo en el álbum que Ángela Pardal prepara para finales de año. Un trabajo que continúa una trayectoria marcada por la búsqueda y por la necesidad de no permanecer demasiado tiempo en el mismo lugar.
Si «A Risa que rompe ese silencio infinito» funciona como primera pista, el mensaje resulta bastante claro. Ángela Pardal no está simplemente presentando nuevas canciones; está reconstruyendo su manera de entenderlas.
Un proceso en el que sus raíces gallegas, su presente en Barcelona y sus ganas de experimentar empiezan a convivir dentro de un mismo universo.
Y quizá por eso el título de la canción resulte tan apropiado: después de tanto silencio, Ángela Pardal parece haber encontrado una nueva forma de romperlo.
